That Dragon, Cancer

Numinous Games, 2016

En palabras de su autor, esta es una de esas historias que no se eligen contar. Relatos que encierran tragedias demasiado dolorosas e injustas, que se escriben más para quien narra que para quien las escucha porque es imposible encontrarles las palabras adecuadas. Cuando Joel, el hijo de los Green, murió tras una larga batalla contra el cáncer tenía cuatro años y había pasado prácticamente toda su vida en cunas de hospital. Sus padres, tras la pérdida, decidieron contarla en un videojuego. That Dragon, Cancer es una obra confesional, un ejercicio de metabolismo emocional pero también un homenaje. Un recuerdo, para los Green, de que entre todo el sufrimiento hubo también días buenos.

De entre todas las muertes, el cáncer es quizá con la que más convivimos pero también una de la que más nos cuesta hablar. Entre la incomprensión y el miedo, evitamos mencionarla como si por el simple hecho de hacerlo pudiéramos invocarla. Tememos su imprecisión, su resistencia a ser doblegada y esa manera que tiene de transformar la realidad de quienes la sufren en carne propia y de toda la gente que les rodea. No nos aterra como final, sino como proceso.

La muerte en juego

That Dragon, Cancer es una de esas obras que cuando llegan son capaces de tambalear la misma estructura de su medio, sus límites y la manera en que puede servirnos para enfrentar el mundo y sus golpes más directos. La historia de los Green está contada de la misma manera en que ellos mismos la recuerdan, como un tiempo difuso del que solo quedan fragmentos sueltos. De uno a otro, escucharla tiene muchos significados, y salta de momentos brutalmente concretos a pasajes de abstracción contemplativa. Como participantes externos, hay una distancia insalvable que nos coloca demasiado a menudo en el papel de una observadora impotente, que está ahí cuando Joel juega en el pasillo del hospital y cuando llora desesperado entre los dolores del tratamiento pero sin poder nunca intervenir directamente. Todo está prefijado por la realidad de lo que That Dragon, Cancer cuenta y por esa noción posiblemente contradictoria del videojuego autobiográfico.  Aquí somos al mismo tiempo los Green y su invitada, saltando constantemente entre sus puntos de vista mientras llenamos el espacio con nuestros propios pensamientos. Sin nada más que ver, escuchar y compartir esa vida breve pero inmensamente importante, y la marca imborrable que dejó en el mundo de su gente.

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