Lieve Oma

Florian Veltman, 2016

Cualquier lugar se vuelve eterno cuando se comparte, especialmente esos en los que crecemos. En la breve descripción de esta obra, Florian Veltman escribe que su abuela «es probablemente la persona más importante que jamás ha tenido», y para retratar su relación con ella la envuelve en árboles, setas y conversaciones. «Todos tenemos o hemos tenido gente que nos ayudó a convertirnos en personas responsables y solidarias, y este pequeño juego narrativo es una oda a todas ellas». Lieve Oma arranca en la linde de la infancia, con un niño y su abuela dando un paseo otoñal por una arboleda de naranjas y amarillos. Ella va delante, guiando el camino, marcando el ritmo de los pasos y las conversaciones como eje de este pequeño mundo y de la vida de su nieto. Nosotros somos ese chiquillo que va y viene a su alrededor, buscando champiñones entre el estallido de colores e impresiones, con los ojos revoloteando por todos lados bebiéndose los detalles.

Lieve Oma es un juego breve, lleno de la sencillez de la que están hechas cosas como el crujido de las hojas secas, una mañana fresca o la timidez que nos invadía cuando, de pequeñas, alguien mayor se interesaba por nuestra vida. Su media hora de duración transcurre en dos tiempos, en una ida y una vuelta por ese bosque que no solo componen una oda, sino también su eco. De tanto en tanto la escena cambia: ya no es otoño, el paisaje se tiñe de azul y se cubre de nieve, y ese protagonista que ya no es tan niño camina, por los mismos lugares, solo. La abuela sigue estando, pero tiene que acompañarle desde el otro lado de un teléfono porque ya le pesan demasiado los años. La primera vez que damos este salto comprendemos que Lieve Oma narra un recuerdo, del que luego, a cada regreso, descubrimos nuevas capas y sentidos.

Lieve Oma nos da esas dos caras, esos dos momentos, esos dos juegos. Uno, el de compartir, el de charlar, el de la calidez que inevitablemente se irá apagando, siempre demasiado pronto, pero a la que podemos volver con solo desandar nuestra memoria. Otro, el de una soledad que cuando viene ya no se marcha, pero que nunca es total si podemos recordar esos paseos de antes, con sus setas y primeros caminos. Instantes en los que parece que nadie nos falta, que aún no se han ido.

Gameplay completo por PressMindToPlay

Enlaces de interés

Página oficial

Artículo – Diseño del paseo, por Víctor Martínez – Anait Games

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