The MISSING

White Owls Inc., 2018

Cerca de la costa del estado norteamericano de Maine, se dice que hay una isla hecha de memorias a la que solo se puede llegar cuando se está perdido. No es un paisaje definido, sino que cada quien le imposta una realidad y un aspecto. Para Jackie, la protagonista transgénero de este juego, es hostil y laberíntico, está repleto de filos cortantes y alambre de espino y poblada por criaturas extrañas que nunca se sabe si son amigas o enemigas hasta que es demasiado tarde. Desde fuera, parece un lugar hecho a la medida de su sufrimiento que continuamente castiga su cuerpo, desmembrándola y mutilándola pero sin llegar nunca a matarla. Se siente como un limbo, una cadena de ambientes sin lógica espaciotemporal aparente que fluye desde una pradera florida a una catedral gótica, de un aserradero abandonado a las pistas de una bolera. La isla surge de la memoria pero por algún motivo casi todos los recuerdos de Jackie parecen querer hacerle daño, como si su cuerpo tuviese la culpa de algo.

The MISSING

Bajo toda su red de metáforas y símbolos, The MISSING es un juego sobre la imposibilidad de ser cuando nuestra identidad deviene un territorio en disputa. No lo sabemos hasta la revelación final, pero podemos intuir a medida que avanzamos que la vida de Jackie ha sido un campo de batalla constante por el reconocimiento y la comprensión de su gente. Su no-muerte es, en realidad, el reflejo de una no-vida como exposición incesante al sufrimiento y la disforia, y que a este lado de la historia ha dado a luz a todos esos fosos y estacas en las que cae continuamente. Su realidad la mastica, pero nunca la digiere, y nos empuja una y otra vez a caer en esas trampas que nos arrancan un brazo o nos dejan sin piernas. Para nosotras es el eje de la mecánica jugable y el elemento que estructura los retos que tenemos que ir superando. Para ella es la manifestación de las tentativas de conquistar y normalizar su cuerpo.

Por los pasillos y plataformas de The MISSING resuena el eco de una de esas preguntas que solo pueden eludirse desde posiciones de privilegio. Si existir significa sobrevivir y sufrir un cuestionamiento por defecto, ¿podemos llamarlo vida? Cuando la norma se vuelve una fuerza que homogeniza y se impone sobre la heterogeneidad identitaria de lo que somos como personas y colectivos, ¿dónde podemos encontrar herramientas para definirnos? ¿Qué salida nos queda una vez agotados todos los caminos?