This, too, shall pass
A Crown of Moths, 2020
Fiel a su promesa, la versión original de This, too, shall pass tuvo una corta vida. En aquel estado, este proyecto artístico estaba dividido en cinco memorias USB repartidas por el planeta, saltando de mano en mano y conteniendo caras diferentes de su mundo. Conectadas a través de un bot de Twitter que publicaba fotografías regularmente, sus paisajes, sus climas y sus ambientes quedaron recogidos en una cuenta que, como el juego, ya es cosa del pasado. Por dentro y por fuera, este fue un proyecto artístico sobre la crisis climática global y la naturaleza efímera de todo lo que existe. De aquello solo queda una cara B en forma de remezcla que permanecerá indefinida, ligada a ese mismo tiempo que nos dice que atesoremos, porque como todo lo demás también pasara. Su precio, el del juego, está ligado al valor de la temperatura media global, que desde que se publicó no ha parado de subir y contra el que su autora da algunos consejos: plantar un árbol, reducir el uso del coche, organizar una protesta, votar contra los combustibles fósiles, reciclar el plástico o comernos a los ricos.
