Inside
PlayDead, 2016
No sabemos si vamos o venimos. Somos un niño que se desliza por un risco y cae en la pantalla para echar a correr de izquierda a derecha con un objetivo desconocido. No hay preámbulos, solo un in media res desorientador y absolutamente aterrador. Sobre todo cuando la primera persona con la que nos cruzamos se acerca y nos mata en el sitio sin ceremonias y sin decir una sola palabra: nos ve, nos persigue y nos rompe el cuello. El único contexto es que no hay contexto, solo un ambiente distópico y deshumanizador encerrado en inmensas estructuras de hormigón. Como si hubiera una barrera invisible entre nosotras y el mundo, vemos trazas de la decadencia más orwelliana que podamos imaginar sin que podamos en ningún momento ir a mirarlo de cerca. Menos aún tocarlo.
Inside cala hasta los huesos por la manera en que chocan su estructura jugable y su bruma narrativa. En las manos es una obra que parte de ese lugar común que es el videojuego de plataformas en 2D que mezcla la habilidad con la resolución de puzles mecánicos. En la cabeza, no obstante, su realidad se resiste a ser encajonada e incluso comprendida. Los constantes encuentros con muertes horribles solo suman más leña al fuego de la incertidumbre, no solo por la variedad de maneras en que Inside puede destruirnos, sino por el martilleo emocional que es ver el pequeño cuerpo del niño continuamente castigado y sometido.
