The Supper
Octavi Navarro, 2020
La posada de la señora Appleton es famosa por su salsa especial. No se sabe muy bien lo que lleva ni cómo la prepara, escondida siempre allá al fondo de la taberna, entre el crepitar de la leña y el burbujeo de la olla. Pero todos sus platos siempre están rematados por ese líquido rojizo y espeso cocinado a fuego bajo, tan lento como la más paciente de las venganzas. De la anciana se decía que antes era un ser de luz, un manantial amable, pero algo debió pasar para que todo cambiase, para dejarla a ella postrada sobre patas de palo y a su local cubierto de polvo y telarañas.
The Supper arranca cuando un monstruo absorbe-mentes, un tiburón humanoide y un anciano entran a la taberna y se sientan a la mesa. Tres viajeros que, en palabras de su autor, representan algunas de las etapas del duelo: depresión, ira y miedo a la muerte, respectivamente. Con la comanda recogida, Appleton se pone en marcha y nosotras con ella, recopilando ingredientes, combinándolos, sacando platos mientras una doble intención emerge y se revela. No es la primera vez que estos personajes se cruzan.
La obra de Octavi Navarro, como ilustrador de arte pixel y como diseñador narrativo y de juego, está hecha de pequeñas ventanas. Sus Scenes son instantes congelados a los que podemos asomarnos para descubrir su historia paseando con la mirada, como pasajes visuales que condensan toda una narración en un solo fotograma. Sus juegos son relatos breves que exploran temas, estéticas y procesos concretos, como fogonazos lúdicos que brillan intensamente durante los pocos minutos que duran. Combinando estas dos facetas, el trabajo prolífico de Navarro y la manera en que se encaja en el ecosistema videolúdico contemporáneo lo convierten en uno de los desarrolladores patrios a seguir más de cerca. The Supper, como la salsa especial de Appleton, es una mezcla densa de referencias, tradiciones jugables y atemporalidad estética. Un “point and click” por el que navegamos de espacio en espacio peinándolos con el puntero del ratón, buscando los objetos, los detalles, los secretos y las lógicas que hacen funcionar su mundo. Una colección vibrante de escenas pixeladas que han hecho de las limitaciones técnicas pasadas un marco estético en el que nostalgia y vanguardia se disuelven en una mezcla densa, burbujeante e inmejorable.