Her Story
Sam Barlow, 2015
Aunque a veces nos empeñemos en lo contrario, las historias no son algo estático. En tiempos postnarrativos como los que vivimos, una de las preguntas más habituales es si el orden los acontecimientos estructura el relato, o si es el acto de relatar el que les da un orden determinado, que desaparece en el mismo momento en que terminamos de contarlo. ¿Puede una misma narración variar en forma, significado y sentido según quién, cómo y dónde se cuente? En fondo, parecería evidente que sí, ya que de igual manera que es imposible dibujarle contornos precisos a la realidad, es inevitable que nuestras identidades, perspectivas y prejuicios se viertan sobre cualquier recolección de hechos. En forma, la cibertextualidad nativa del videojuego nos dice que el acto comunicativo tiene forma de recorrido, de conexiones, de la manera en que los fragmentos de su textualidad se conectan, se abren y se cierran para que los enlacemos.
Como uno de los grandes ejemplos de esta textualidad videolúdica, Her Story es un proceso de deconstrucción narrativa. Por sus entresijos se mueve la crónica de un asesinato, pero solo podemos acceder a ella a través de pequeños pedazos. La obra nos emplaza al escritorio de una comisaría de policía, delante de un ordenador conectado a su base de datos con el que navegamos las grabaciones de un interrogatorio. Su dinámica se divide en dos acciones principales: ver los videos y seleccionar las palabras que creamos que puedan llevarnos a nuevos fragmentos a través del buscador de archivos. Puede ser un nombre, una fecha, un lugar, cualquier pequeño detalle que llame nuestra curiosidad y que vaya encajando en la red de acontecimientos que se va tejiendo poco a poco en nuestra mente. Sin direcciones ni normas de ningún tipo, la no linealidad de Her Story se resiste constantemente a ser encerrada en un marco fijo, sino que su historia existe como la errancia por sus pedazos y la manera en que estos se van colocando en la imagen que le vamos dando.
